En 1992, durante el Sínodo Diocesano convocado por el Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, surgió la necesidad de edificar un recinto de gran capacidad para reunir a miles de fieles en celebraciones multitudinarias. La propuesta tomó mayor significado al considerar un santuario dedicado a los Mártires de la persecución religiosa (1926-1929). Sin embargo, el asesinato del Cardenal Posadas en 1993 detuvo el proyecto. No obstante, su legado continuó con la canonización de los primeros 25 mártires en el año 2000, impulsando la devoción y el reconocimiento de su sacrificio.
Un sueño que tomó forma
El Cardenal Juan Sandoval Íñiguez retomó la iniciativa, formando un consejo de construcción integrado por arquitectos, ingenieros, sacerdotes y benefactores. En 2007, se colocó la primera piedra en el Cerro de Santa María, pero posteriormente se decidió trasladar el proyecto al Cerro del Tesoro, en un terreno más adecuado para su construcción, donado por la familia Aguilar Valencia. El diseño arquitectónico estuvo a cargo del reconocido arquitecto José Manuel Gómez Vázquez Aldana, y actualmente el proyecto es liderado por el ingeniero Héctor Castellanos. Su estructura, de gran complejidad geométrica, avanza gracias a donaciones particulares, reflejando el esfuerzo de la comunidad católica detrás de su edificación.
Más que un recinto religioso, el Santuario de los Mártires Mexicanos complementa la trilogía de los principales centros de peregrinación en México, junto con la Basílica de Santa María de Guadalupe en la Ciudad de México y el Santuario de Cristo Rey en el Cerro de El Cubilete en Guanajuato.
Como todos los santuarios de la antigüedad, este Santuario está dirigido hacia el oriente, porque es donde sale el sol naciente que es la imagen simbólica de Jesucristo.
Con una imponente altura de 70 metros, equivalente a un edificio de 20 pisos, el Santuario se erige sobre una base sólida de 2,500 barras de cimiento, que sostienen sus tres grandes cúpulas metálicas. Estas han sido diseñadas con un avanzado sistema térmico y acústico que minimiza el eco y permite una acústica nítida en todos los rincones del recinto.
El vitral, diseñado por Fray Gabriel Chávez de la Mora, “Arquitecto de Dios”, representa una oración visual: inicia con tonos oscuros y asciende hacia colores más claros, evocando la elevación espiritual.
En 2025, continúa la colocación de 10 vitrales para cerrar las ventanas de la asamblea principal y la instalación del piso de granito rojo en el presbiterio, símbolo de la sangre inocente de los beatos y santos mártires.
Su construcción, material y espiritual, rinde homenaje a quienes entregaron su vida en defensa de la fe, y recuerda la importancia de la libertad religiosa, la reconciliación y el perdón.